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Cartas de Lectores | 20/02/15 - 13:08

Caretas por el piso, el fin del carnaval

 
 
 

 

Recuerdo que desde chico, mi viejo me contaba una historia que siempre tomé por cierta. No hay forma de que un chico dude de las historias que los padres cuentan, sin embargo, y a medida que fui creciendo me di cuenta que esa historia que mi papá me contaba era real, y no un simple relato de un padre que intenta entretener a su hijo. 

Mi viejo nació en el 40,  y me contaba que,  cuando él era chico hubo un presidente que se llamó Perón y que junto con su mujer habían hecho mucho por los pobres. Decía que él,  junto con sus cuatro hermanas, iban al ferrocarril  y esperaban que pasara un tren que le regalaba cosas a la gente humilde (una especie de papa Noel pero sin barba). 

Yo, debo admitir, que no entendía bien como sucedía eso, pero recuerdo que su tono y sus ojos expresaban cierta melancólica emoción. Luego pasaron los años y siendo un poco más grande comencé a transitar ese lugar, cruzaba la estación del ferrocarril para ir a la escuela y,  siempre pensaba que  allí, donde ya ni trenes pasaban, hubo un tiempo que una especie de papá Noel sin barba trataba de hacer que la gente pobre sea más feliz. Pero la historia no era tan bucólica y sencilla como mi viejo me la contaba. 

Años más tarde, una profe de historia nos dijo que ese papá Noel sin barba no era una fantasía, sino un presidente que había logrado darle dignidad al pueblo, por ese entonces no entendía bien lo que quería decir  dignidad, ni la palabra pueblo pero, asocié rápidamente la palabra dignidad con felicidad y la palabra pueblo con mi viejo. 

No sé si eso es así, pero ni  mis años de facultad ni de psicoanálisis han podido cambiar que yo asocie esas palabras como lo hice en aquel momento. Luego, me enteré que a aquel presidente que tanto había hecho por la felicidad de mi "viejo" (el pueblo), antes de ser votado por la mayoría de "mis viejos" (quiero decir, del pueblo) lo pusieron preso. Porque resulta que había una especie de clase dirigente que estaba conformada, según me dijeron, por políticos conservadores y algo así como una casta militar a quienes  le molestaba, y mucho, que éste señor  tuviera cierta predilección por los "pobres de la patria". 

Por suerte, según dicen los relatos de la época, hubo una gran movilización , algo así como dos millones de personas que se encaminaron  espontáneamente hacia la Plaza de Mayo, que tengo entendido, es un lugar importante para la vida política de este país, y pedían por la liberación de aquel hombre. Parece que éste fue un hecho importante, ya que a aquel bien amado señor lo liberaron por el clamor popular y le permitieron  presentarse en elecciones libres para que sea presidente. 

A aquel gran día donde ciento de miles de personas, la mayoría de clase humilde, se movilizaron para pedir por ese hombre, se lo llamó "día de la lealtad peronista". 

Ese no fue un día más en nuestra historia política, fue el día fundacional del movimiento peronista, cuya matriz de fuego impone, no un concepto ni un carácter momentáneo, sino una forma directriz  de vida, cuyo eje se centra en algo no sencillo de definir pero muy fácil de entender, algo que los peronistas llamamos lealtad. ¿Lealtad a qué?, (nos preguntaran algunos), a una forma de entender el mundo, a una forma de dar sentido a nuestra vida social, un horizonte de significancia, que nos permite ubicar y diferenciar lo que queremos y no queremos ser.

Hay algunos que seguramente no han tenido un viejo como el mío, y que por eso no entienden lo mismo que yo entiendo por pueblo, por felicidad o por lealtad. Será por eso que  no me siento como ellos, ni como aquéllos que han perdido el eje de aquel origen donde millones clamaban para que liberen a aquél hombre , que alguna vez le dio algo a los que no tenían, y que sin saberlo fundaba sobre la lealtad de su pueblo el movimiento más importante de la patria. 

Porque soy leal a Perón, Evita y a todos aquellos descamisados que desde octubre del 45,  entronaron al líder de este maravilloso movimiento, condeno,  por mí, por mi viejo y por los millones de peronistas que no traicionamos nunca las banderas del movimiento, a aquellos que  en  "PRO" de sus "NEGRO"S (amarillos) y personales intereses traicionan y denigran la política. 

Les llegará la hora del ostracismo político, como a todos, pero la letra de su historia los ubicará en el lugar de los infames traidores.


Axel Trotte

 

 

 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

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