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12 Apr

El "berretín" de las cosas idas... Historia del "Bar Rojo"

 

Promediaba la década del veinte, cuando Manuel Scalesse instalaba el "Bar Rojo" ubicado en lo que hoy es la esquina de Belgrano y Mitre

 

 

"PINCELADAS DE RECUERDOS", escrito por FRANCISCO PASTINANTE, dice textualmente entre otras cosas, y en su dedicatoria; "Anécdotas, leyendas, personajes reales, escenarios lugareños, fueron motivos para escribir este libro, que sólo pretende ser útil. El AUTOR".

Sin dudas consideramos que el libro es un gran aporte cultural para esta ciudad , y es por eso que queremos destacar y resaltar la obra donde su escritor nos expresa sus recuerdos y el sentimiento de nostalgia del Arroyo Seco de ayer.

En otro nuevo encuentro con el pasado, hoy hemos extraído fragmentos de una semblanza de este libro titulada: BAR ROJO, comulgando siempre con aquella frase de Borges, predicando que "las palabras, y en este caso las imágenes, son los símbolos que postulan una memoria compartida". Y a través de este hilo conductor de Almas, Pancho nos decía...




Es así que recordando ese pasado, afloran a mi mente lugares de expansión como aquel "Viejo Café", instalado en Belgrano y Monte Flores (hoy Mitre). En la esquina Nord-Este, fijaba una época en nuestro pueblo el "Bar Rojo". Constituía así un pedacito de centro pueblerino, con sus calles de tierra y sus alcantarillas que, como "lomo de burro", cruzaban de zanja a zanja.

En el centro de la esquina, un farol verde, enlozado, con lámparas de 150 vatios alimentada con corriente continua, alumbraba por las noches, con luz mortecina, el lugar. Por lo general el BAR ROJO, cobraba vida especial en horario nocturno y funcionaba hasta altas horas. Su dueño Manuel Scalesse (Manolo) lo atendía ayudado por un familiar.

Promediaba la década del veinte; Manolo había alquilado la propiedad a don Rómulo Copello, que por ese entonces había liquidado su negocio de bazar, juguetería y tienda, instalado en este lugar. Manolo conocía su oficio de cafetero y conocía a la gente. Convino con el C.A.Unión en prestarle gratis dos habitaciones interiores, que dicho club utilizaba como secretaría y vestuario.

Allí se cambiaban los jugadores. Los jugadores cubrían el trayecto hasta la cancha a pié, para entrar en calor, seguidos por una nube de chicos y simpatizantes que compartían el "precalentamiento", teniendo así la oportunidad de estar cerca de sus "ídolos" y poder tocarlos.

El bar era así, un poco la "sede social del C.A.UNIÓN", que hasta ese momento no disponía. Los parroquianos daban al BAR ROJO, un tinte especial de animación. Entre los habitúes del BAR ROJO, se hallaba un muchachito soñador, de origen paraguayo que lo llamaban Samuel Aguayo. Era muy conocido por todos.




Llegó un día a Arroyo Seco, trayendo como única fortuna, su hermosa voz y una guitarra. Como no tenía adonde ir, Don Pedro Galaso, le ofreció su rancho situado en Libertad y Moreno. Lo aceptó por unos días y solo lo dejó cuando se fue del pueblo. Samuel vivía como los pájaros, libre, sin ataduras. No trabajaba y recorría por las noches los boliches y los cafés, cantando guaranias que mezclaba con algún tango, entre ellos "Cap. Polonio" y "Carro Viejo".

Sus actuaciones les daban motivos suficientes para pasar el "platillo" y así vivir con dignidad. Su lugar preferencial era el BAR ROJO.

Una noche visitó nuestro pueblo el extraordinario dúo nacional que componían Agustín Magaldi y Pedro Noda. Los parroquianos, que atestaban el lugar, aplaudían las felices actuaciones de los cantantes y esa noche también cantó Samuel Aguayo. Agustín Magaldi, sintióse impresionado por la voz y manifestó públicamente su deseo de ayudar al "paraguayito", para que probara suerte en Buenos Aires.

Así el destino decidió el porvenir de Samuel Aguayo. La colecta que hiciera Magaldi esa noche, totalizó doce pesos moneda nacional. No faltó a su palabra el famoso cantor y se llevó al "paraguayito" para que incursionara en las noches porteñas. 

Poco después el triunfo de sus condiciones le aseguraron el éxito. Radio Stentor, Radio Nacional, clubes, discos y la revista "EL ALMA QUE CANTA", lo consagraron EMBAJADOR DE LA CANCIÓN PARAGUAYA, y así representó a su país con honores conferidos por su gobierno, durante toda su carrera artística. 

El BAR ROJO, fue su trampolín y Arroyo Seco, también, aunque Samuel Aguayo lo olvidó.




Estampas de mi pueblo que han quedado marcadas a fuego en mis recuerdos de niñez, épocas pasadas que forman parte del historial lugareño. Viejo BAR ROJO, perdido en el tiempo, junto a tus cosas y a tus vivencias. Fuiste centro de cultura cotidiana, comentarios
deportivos, anécdotas sazonadas de picardía, discusiones políticas.

Tuviste el privilegio de acunar en tu salón, las ilusiones, las alegrías y los sueños de tanta gente buena que eran tus habitués, entre el humo del cigarrillo y el grato olor del buen café "express" que tan sabiamente tiraba y servía Manolo, mientras reían algunos de las humoradas de Agustín Gallegos y otros escuchaban las nostálgicas canciones de Samuel Aguayo, que tenía olor a río, calor de totoras, canto de pájaro campana y dulzura de mieles guaraníes.

BAR ROJO, te conocí de muchachito y te rescaté del recuerdo para suavizar mis nostalgias.


* Este material fue publicado originalmente en TEMAS & NEGOCIOS en Marzo de 2001


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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