23/05/15

Reflexiones de mayo: Una breve síntesis

 

La historia oficial siempre ha dicho que en Mayo de 1810 se generó en el Río de la Plata una Revolución, una gesta patriótica…

 

 

Si se piensa desde la conceptualización materialista, se debe descartar de plano el título de Revolución para los sucesos de mayo. Los elementos necesarios para que así fuera no existieron y los cambios radicales, no se concretaron hasta muy tarde y de manera muy paulatina. Lo realmente revolucionario para este contexto, fueron las ideas políticas que sustentaron el pensamiento de aquellos hombres. Los radicalizados Moreno, Castelli y Monteagudo en contraposición con los moderados seguidores de Saavedra. Influenciados directamente por la Ilustración, el programa político francés y la propia Revolución Francesa de 1789, estos pensadores criollos entendían la Revolución como consecuencia directa de una incorporación en la conciencia colectiva de los preceptos iluministas. Para ello era indispensable la educación política del ciudadano, entendiendo esto como esclarecimiento ideológico cuya expresión principal es la del derecho de los pueblos a la soberanía política que encierra en sí el fuerte concepto de libertad e independencia. Moreno se convirtió en el exponente más radical de la revolución democrática burguesa, su pensamiento, a priori, se fundamentó en la categorización del "enemigo del pueblo", considerando como tal al español y a todo aquel que sostuviera el sistema colonial. Pero separarse de España o de su rey no bastaba, era necesario proclamar la república inspirada en principios igualitarios. Esto no era una simple mudanza de poder. Solamente una Constitución firme podía ser la garantía contra el despotismo de los gobernantes. La voluntad de transformación de Moreno incluso llega a plantear la necesidad urgente de una reparación histórica para con los indios que sostenían la administración colonial mediante el tributo, criticó el derecho colonial basándose en los principios de la razón y el derecho natural. Para estos hombres la libertad no era nada sin la igualdad y la igualdad sólo cobraba su dimensión material en el lazo instaurado con la libertad. Si bien las ideas del grupo de Moreno no triunfaron en este proceso,  si fueron ellas las que impulsaron en su potencialidad el movimiento independentista. El pensamiento como inspiración y camino único para la soberanía popular.

Cien años después, por motivo del centenario de la revolución el ensayista y escritor Leopoldo Lugones dio una serie de conferencias  en el teatro Odeón de Buenos Aires. Los concurrentes fueron  desde el presidente Sáenz Peña hasta la más alta sociedad porteña, compuesta fundamentalmente por la oligarquía nacional. Estas conferencias dieron lugar a un libro ya histórico del polémico escritor, llamado el Payador.  El tema  fue el ser nacional, o más bien la pregunta: ¿Existe un ser nacional? Para el cordobés, el ser nacional  solo podía ser encontrado en la figura del gaucho, fundamentalmente en el prototipo del gaucho expresado por José Hernández.  Para Lugones, el Martin Fierro es una obra épica a la  altura de la Odisea  o la Ilíada, la idea  era encontrar los rasgos esenciales de un ser que en su pureza pueda demostrar la hidalguía de Odiseo y fundar así una proyección de su pueblo en tanto imagen del gaucho, tal como lo había hecho Odiseo con los griegos. Sin embargo, poco importaba la existencia real del gaucho, luego de varias redadas,  éste  vivía más en la literatura gauchesca que en las extensiones terrestres, por eso el análisis se centra en el texto de Hernández, pero ya como poema épico, como expresión de la vida heroica de una raza casi extinta. Evidentemente el gaucho de Lugones solo existía en la literatura, por tanto,  nunca mejor posición para el ensayista a la hora de reivindicar una figura ya desaparecida en sus rasgos esenciales. Alegóricamente lo que se buscó en éstas conferencias fue  encontrar algún rasgo étnico de lo  argentino, sin esto la historia argentina no podía empezar a escribirse, a pesar de todo, el gaucho, aquella figura solitaria y errante fue siendo despojado de su pilchas, los harapos sirvieron de molde para los sastres ingleses que confeccionaban  la ropa gaucha a medida de los terratenientes que  paseaban sus aires de tierra por la capital, el zaino semi salvaje de las pampas se convirtió en tropel brilloso de trote armónico, fue así como la sangre gaucha fue difamada por aquellos que sólo entendieron la tierra no como espacio de libertad y convivencia, si no como explotación y riqueza. (léase SRA)

El poder político económico de principio del siglo veinte se  había concentrado en la exportación de materia prima, la relación de obsecuencia con Gran Bretaña les aseguró a las familias tradicionales sus negocios para la posteridad y hundió por el mismo tiempo las posibilidades de los sectores marginados, confinados al trabajo manual en las extensiones interminables de los dueños de todo.

En fin, cien años de emancipación no habían bastado para que la libertad, justicia, e igualdad, proclamada en mayo de 1810 puedan ser gozadas por toda la sociedad ,a pesar de esto , la llegada inevitable de la inmigración, fue dando lugar, en cuenta gotas a nuevos actores de la escena nacional, anarquistas, comunistas, sindicalistas se forjaron alrededor de los espacios que de a poco fueron industrializándose a expensas de la oligarquía terrateniente,  que hizo todo lo posible para eliminar a éstos nuevos actores de la escena nacional. El laborismo, en sus distintas vertientes, fue empujando y exigiendo un lugar en las esferas del poder, cosa que se concretará a partir del 45 con la llegada de Perón.

Ahora bien,  toda síntesis peca de subjetiva y explicar doscientos años de historia en pocas palabras es tarea imposible, a pesar de esto lo que intento hacer en ésta reseña, es dar algunos rasgos que considero importantes para poder pensarnos hoy en vísperas de un nuevo aniversario de la revolución de mayo.

Pensar el camino abierto por el bicentenario,  significa a la vez reflexionar críticamente sobre los 200 últimos años, pensar el presente y asumir como punto de partida  un modelo de país y de América latina inserto en la cambiante dinámica mundial.

La situación actual nos coloca en posición de alerta ante los nuevos acontecimiento, si desde la historia pensamos la coyuntura existente de nuestro país podremos aseverar que estas circunstancias son causa de la desgarradura que se produjo a partir de 1976, la dictadura militar como proceso estructural, implantado en todo el continente  y dirigida por la casa de las Américas, con base en el Pentágono, fue el comienzo no sólo de la atroz circunstancia  que supone para los derechos individuales el terrorismo de estado, sino también el de la implementación de  un plan más profundo de cambio radical, es decir político, económico y cultural. La reivindicación de los desaparecidos del proceso, obvia muchas veces el contenido ideológico de aquellos que hoy representan los trazos de la cicatriz más profunda de nuestra historia, de un solo golpe, se modificó toda la escena cultural e histórica que hoy tanto nos cuesta reconstruir.

La política es por antonomasia, el espacio de acción, por esto lo ocurrido en los setenta fue un golpe a lo más profundo de las posibilidades de cambio que una sociedad tiene, entre los desaparecidos están seguramente los cuadros políticos más importante de una generación, allí todavía se discutía en el marco de las ideas los intereses reales. Es decir, existía aquello que desde la prensa académica norteamericana se han encargado de desprestigiar durante los últimos treinta años, la ideología. Muchos influidos por ésta campaña se sentirán incómodos  por ésta palabra que solo indica el conjunto estructural de ideas, sin embargo poco dice el sentido común de aquello que Fukuyama llamó el fin de la historia, luego de  la caída del muro. Esto suponía que la historia se terminaba con el triunfo del capitalismo como único paradigma de las sociedades occidentales, encerrando la más infame de las ideologías que el hombre moderno ha sufrido. Ésta prensa que tanta influencia tiene todavía en nuestro país, nos priva de darnos el debate sobre que sociedad queremos, aún así hoy vemos como éste sistema colapsa producto de su propia pauperización, es decir por su propia naturaleza, evidenciando su carácter anti humanista en su vertiente neoliberal. Lo más grave es que si bien es clara la situación de desigualdad en la que el mundo vive, éste sistema no cae por la siniestra posición en la que deja a millones de personas, si no producto de su propia mecánica. La pregunta que nos hacemos es ¿podrá existir un capitalismo bueno como algunos neo políticos hoy suponen, crítico de sus consecuencias y con valores renovados? La respuesta es clara, nunca la reconstrucción del capitalismo fue desde la reflexión ética, si no desde la técnica, así volvemos a lo anterior, la desaparición de lo político por aniquilación de los cuadros políticos produjo el avance de los tecnócratas, perdiendo su esencialidad de representación con la que fue pensada la política, tecnócratas como Martínez de Hoz, y Cavallo son la expresión de lo que en nuestra región fue la entrega del patrimonio de todos a manos privada, es decir de la retracción del Estado producto del avance del mercado.
 
El Estado se retrae solo cuando la política es anti política, cuando el interés de los políticos corre su mirada del pueblo a los sectores dominantes del poder económico, socializando sus pérdidas y privatizando sus ganancias, la actitud acrítica de la sociedad y la falta de escrúpulo de la cierta clase dirigente  nos llevaron a la crisis más importante de nuestra historia en el 2001. Solo con la reconstrucción política en el marco de la estructuración de las ideas y de nuestro compromiso como sociedad para pensarnos en nuestras responsabilidades, asumiendo el peso de la historia, reconociendo que la memoria es el refugio que nos piensa, y nos coloca siempre presentes por los hechos del pasado,  podremos asumir un rol determinante como sociedad. Hay algunos militantes del olvido que no pueden con sus culpas y nos aconsejan mirar para adelante sin reflexionar en el pasado, pobres de conciencia no asumen su condena.  Hay otros que militan en el olvido por una cuestión más profunda, la de no sentir nada por lo sucedido, lo cual resulta más patético aún.

La falsificación de la historia a perseguido esta finalidad; impedir a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos tengamos una construcción propia de la política nacional, muchos no entienden la necesidad del revisionismo (nos dirá Jaureche) porque no comprenden que la falsificación de la historia es una política de la historia, DESTINADA A PRIVARNOS DE LA EXPERIENCIA, QUE ES LA SABIDURÍA MADRE DE LOS PUEBLOS LIBRES.


por: AXEL TROTTE

 

 

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