31 Oct

El "berretín" de las cosas idas... Cholito

 

""Un hombre sin historia que fue parte de la historia de Arroyo Seco""

 

 

Hemos convocado desde nuestra columna y en más de una oportunidad, a personas y escritores locales que la han enriquecido con sus vivencias y relatos paridos desde el alma. De esta forma hemos tendido puentes entre la memoria y el hoy, para cruzarlos juntos de la mano de los sentimientos compartidos. Y siempre tratando de enriquecer la Vida, pero del lado de adentro con las pequeñas y grandes historias cotidianas que nutren nuestro Ser y nuestro terruño.

Tal es el caso del Dr. Oscar C. Incicco, que con su pluma atrapó la memoria de varias generaciones abordando un tema tan caro a los sentimientos de todos los arroyenses, evocando en el recuerdo a quien el llamó ""Un hombre sin historia que fue parte de la historia de Arroyo Seco"", bajo el título de :


HERMANO QUE PASASTE POR MI PUEBLO...

Por: Oscar Incicco

*Publicado en "Semanario Arroyo Seco" el 6 de agosto de 1982



Hombres simples. Cófrades de la bohemia. Cuerdos aspirante a locos y locos resueltos a no innovar. Juglares sin versos y poetas rimando "lucero con letrero". Payadores de boliches y de romerías. Futbolistas bordando con la redonda en canchas y potreros. Timadores simpáticos. Gitanos en fugas. Inventores de sobrenombres. Vagos inclaudicables y laboriosos incansables. Tarjeteros de los "de arriba". Generosos sin límites. Cantores infaltables. Artistas sin representantes. Humoristas con libretos propios. Mentirosos no dañinos.

Una larga lista para recordar con anécdotas, para sonreír. Porque ellos también han sido parte de la vida de nuestra ciudad. Fueron en su medida actores cotidianos dentro de la comunidad.

Pero de todos ellos, mi evocación rescata para el presente, quizás, la persona más pura, dentro de los hombres simples de Arroyo Seco. Dentro los hombres que nos alegraron con sus ocurrencias, que nos asombraron con su nobleza, que nos empequeñecieron con su grandeza de alma.

Hubo un hombre que tal vez hoy ni una lápida lo recuerde. Pero si lo recuerdan las calles de la ciudad. El sol sale a buscarlo todavía, aunque ya sabe que no lo encontrará en ninguna plaza, en ningún club, en ninguna esquina. El sol sabe que desde hace unos años se mudó desde su rancho del barrio a un palacio en el Cielo.

Lo buscan los trenes, pero las señales y la campana de la Estación les dicen que sólo ha quedado su voz en los andenes. Las manos de los chóferes de colectivos ya no se levantan en el saludo cargador porque ya no está en ninguna parada.

Yo lo recuerdo con su andar apurado, su gorra intocable y su pipa semiapagada. Yo lo recuerdo con su vestimenta de otros, sus zapatos desproporcionados y su mirada limpia. Yo lo recuerdo con su locura de quijote y su cordura sin réplicas.

Tenía sus principios y no los prestaba ni los vendía. Tenía sus verdades y las publicaba y las decía, mientras mucha gente se ocultaba para no ser visto.

Respetuoso con los respetuosos, amigo con los amigos, leal y honesto. Su escuela fue la tristeza de una vida tremenda, pero se podía aprender más de él, que de muchos cultos.

Sabía porque un ángel se lo había enseñado, todo lo que sabía. Y sabía amar al prójimo y a la patria. Y sabía más de sus obligaciones que de sus derechos. Por eso nunca se calló ante ningún mandón ni temió decirle a quien fuere lo que el creía era "su verdad" (que generalmente coincidía con "la verdad").

Hermano que pasaste por mi pueblo dejando un recuerdo vivo y emocionado. Estuviste en todos los lugares y en todas las horas. Tus manos repartieron papeles y estrellas. Tus pies desfilaron por la superficie de Arroyo Seco, trayendo una queja, llevando una noticia. En cada estaño quedó la marca de tu copa y con cada copa te bebías el vino y la amistad.

Hubo un hombre en Arroyo Seco al que hoy tal vez ni una lápida lo recuerde. Pero yo le tenía prometida esta demorada evocación. Aquél día que le dije que alguna vez escribiría sobre él, desbordó de sus labios una sonrisa y sin decir palabra, levantó su mano derecha, hasta la altura de la cabeza, haciéndola girar hacia delante y hacia atrás. Era su clásico gesto. Era su saludo.

Ya ves, Cholito, traté de cumplirte. Pero todo lo que vos dejaste en Arroyo Seco, supera lo que yo pueda escribir. Y muchos como yo te recordamos y al recordarte, te esperamos en la "sede" para invitarte una copa.

"Hubo un hombre sin historia que fue parte de la historia de Arroyo Seco". Y aunque hace unos años se mudó del rancho del barrio al Palacio Celestial, que siempre le correspondió, su recuerdo seguirá siendo historia y presente.

Su nombre; Cholito


 


Oscar C. Incicco, ha logrado una descripción más que poética de este noble personaje tan querido en Arroyo Seco. Cada metáfora de su evocación, tiene la fuerza y la vitalidad de un escritor que lucha apasionadamente por expresar todos sus sentimientos. Bien dicen que el Arte, es una disciplina donde la mano y el corazón marchan juntos. Y el arte de escribir también lo es. Es un acto contemplativo y perceptivo, es un intento más por atrapar el tiempo con palabras.

Nunca sabemos si al fin lo logramos, pero vaya que vale la pena esta cruzada de sentimientos, en busca de esa pequeña dosis de inmortalidad, logrando el milagro de mantener viva la memoria de aquellos personajes que formaron parte de nuestras vidas cotidianas, en definitiva de nuestras Historias de Vida.


Así lo creemos quienes mes a mes llegamos a sus hogares, con esta columna de:


El "berretín" de las cosas idas . . .



* Este material fue publicado originalmente en TEMAS & NEGOCIOS.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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