10/05/26

Axel Trotte presentó su libro -Del solipsismo al alter ego-, en la Biblio

 

 

 

Este viernes 8 de mayo en la Biblio, el licenciado en Filosofía Axel Trotte presentó su libro "Del solipsismo al alter ego, en las conferencias de París de Edmund Husserl".

El núcleo del libro gira en torno al solipsismo, término que Trotte desglosó etimológicamente: del latín solus (solo) e ipse (uno mismo), la doctrina que afirma que solo podemos tener certeza de nuestra propia conciencia. Todo lo demás —el mundo, los demás seres— podría no ser más que una proyección de nuestra mente.
El recorrido partió de René Descartes y su duda metódica: el filósofo francés usó la duda no como escepticismo sino como herramienta, empujándola hasta el límite con la hipótesis del "Genio Maligno" —un ser capaz de engañarnos incluso en las verdades matemáticas. De ese abismo extrajo su primera certeza: cogito, ergo sum. Pienso, luego existo. Pero ese hallazgo también lo encerraba en un problema: sabía que él existía, pero ¿y el resto del mundo? Descartes necesitó recurrir a la existencia de Dios —un ser infinito y perfecto que no puede engañar— para tender un puente entre su mente y la realidad exterior.

Para Husserl, la conciencia no es una cámara cerrada sobre sí misma como en Descartes, sino que es esencialmente intencional: toda conciencia es siempre conciencia de algo. El mundo no está separado del sujeto; se constituye precisamente porque hay una conciencia que lo piensa y lo habita.

Trotte explicó con claridad el método fenomenológico husserliano: la epojé, que consiste en "poner entre paréntesis" la existencia del mundo, no para negarla, sino para examinar cómo los fenómenos aparecen ante la conciencia. Sin embargo, ese método abre una nueva paradoja: si suspendo el mundo y me concentro en la conciencia pura, ¿no termino de nuevo solo conmigo mismo?

Allí ingresa el problema central del libro: el alter ego, el otro yo. Para Husserl, el otro no es un objeto más del mundo, sino algo irreductible: aparece como semejante pero con una conciencia que nunca puedo hacer mía, que no puedo objetivar. La empatía —entendida en sentido filosófico— es la experiencia que nos abre a ese otro que está ahí, que tiene un cuerpo que se comporta como el mío, pero cuya interioridad permanece siempre un misterio.

Diálogo con Heidegger, Sartre y Levinas

Durante la presentación Trotte no se quedó en Husserl sino que trazó el mapa de las respuestas que otros grandes filósofos dieron al mismo problema. Martin Heidegger propuso que el ser humano es desde el principio un ser-con (Mitsein): no llegamos al mundo solos y luego "encontramos" a los otros, sino que la existencia es constitutivamente compartida.
Jean-Paul Sartre, en cambio, propuso: la mirada del otro nos convierte en objetos. Cuando alguien nos mira, dejamos de ser el centro del mundo para ser algo en el mundo del otro. De ahí su célebre frase: "El infierno son los otros".

El cierre estuvo reservado para Emmanuel Levinas, que plantea que el encuentro con el otro no es un problema epistemológico sino una interpelación ética: el rostro del otro nos dice "aquí estoy, cuídame", nos confronta con su fragilidad y nos hace responsables. En lo que Levinas llama la "teofanía del rostro", lo infinito deja su huella en la vulnerabilidad humana concreta. "Lo infinito tiene ojos cansados, hambre, miedo, necesidad. Tiene rostro", sintetizó Trotte en uno de los momentos más emotivos de la presentación.

La presentación concluyó con un intercambio con el público que extendió el diálogo más allá de las páginas del libro. La jornada, organizada en el marco de las actividades culturales de la Biblioteca, reafirmó el valor de los espacios comunitarios como lugares donde el pensamiento puede respirar y crecer.

 

 

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