08/02/13

A un año sin "El Flaco Spinetta"

 

Hoy viernes  se cumple el primer aniversario de su partida física.

 

 

Hace un año, la música y la poesía estaban de duelo: después de seis meses de luchar contra un cáncer de pulmón, Luis Alberto Spinetta, uno de los más grandes artistas que dio la Argentina, falleció. La noticia que nadie hubiera querido escuchar se conoció ese mismo día, cerca de las 18, a través de Twitter, donde sus dos hijas y uno de sus hijos publicaron frases de despedida.


Las repercusiones de su muerte sacudieron la estructura del rock argentino. Desde la formación de Almendra hasta su concierto junto a las Bandas Eternas, Spinetta construyó un universo del que bebieron no sólo músicos de la talla de Charly García, León Gieco, Caetano Veloso y Hugo Fatorusso, sino también muchos de los grandes escritores, artistas plásticos, periodistas, cineastas, o fotógrafos del país. Su influjo, en ese sentido, es considerado inconmensurable y en continuo crecimiento.

En el primer aniversario de la muerte de su muerte, se realizarán varios homenajes, entre ellos el que esta noche desde las 22 consumarán, en el autocine de Villa Gesell y bajo el título "Todos cantamos a Spinetta", Celeste Carballo, Fernando Ruiz Díaz, Fabiana Cantilo, Emme, Hilda Lizarazu, Lisandro Aristimuño, Los Tipitos, Liliana Vitale, Juan Carlos Baglietto, Cladia Puyó, Gustavo Santaolalla, David Lebón y Juanse, entre otros.

Los marcas universales del rock, a veces primitivas en sus formas y armonías, confluyeron en Spinetta con una tradición literaria y una ambición musical en la que podían encontrarse Los Beatles y Astor Piazzolla. Con ese impulso, y a través de Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Jade y Los Socios del Desierto, Spinetta trazó una parte de historia del rock argentino y persistió a su primera época, caótica y creativa, como a su plácida continuidad tras su incorporación al mercado de consumo.


"El Rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar, a través de una liberación total, los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso", escribió en 1973, a modo de un manifiesto y cuando se aprestaba a editar su celebrado álbum "Artaud".


La definición quizá no represente a todo aquello que hoy, más no sea por comodidad, aparece en las bateas bajo el rótulo de "rock nacional", pero sí permite adivinar su actitud como artista.

 

El Flaco nació el 23 de enero de 1950 en Buenos Aires. Su oído musical comenzó a entrenarse a partir de la influencia de su padre, Luis Santiago, un cantante de tangos amateur. Aquel rasgo tanguero perduró en su música.
 

Su biografía oficial remite a sus 17 años cuando junto con su compañero del secundario Emilio del Güercio (bajo) y también con otros dos alumnos del Instituto San Román, Edelmiro Molinari (guitarra) y Rodolfo García (batería), dio forma a Almendra.
 
Un simple de 1968 que contenía el "Tema de Pototo" -que inspiró también la vida creativa de Charly García- y "El mundo entre las manos", fue el prólogo para el lanzamiento, en 1969, de un álbum debut que incluyó canciones como "Ana no duerme", "Plegaria para un niño dormido", "Laura va" -con el bandoneón de Rodolfo Mederos- y "Muchacha (ojos de papel)" que ubicó a Almendra -junto a Manal y Los Gatos- como emblema del naciente rock local.
 

Almendra no sobrevivió a su propio caos interno y se separó tempranamente en 1970. En ese tiempo consolidó una relación musical con Pappo y fue el tránsito hacia Pescado Rabioso, otro hito de la historia del rock. 
 

Su obra lo mantuvo alejado del oportunismo. "La gran desventaja de algunos es hacer música como por obligación: para enriquecerse, o para figurar. A los dos compases sabés qué tipo de trabajo y artista estás oyendo, y ante quien se agacha y para qué", afirmaba.

 

 

 

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