11/05/13
¡Oíd, mortales! El Himno cumple 200 años
La canción nacional celebra su bicentenario; su letra fue escrita por Vicente López y Planes, por instrucción de la Asamblea del Año XIII, y la música es de Blas Parera, que tardó cuatro años en componerla
Oíd, mortales! El Himno Nacional Argentino cumple mañana 200 años. Sufrió alteraciones en la letra, tuvo varios arreglos y, más recientemente, fue reversionada al compás de tango, cumbia, rock y hasta música electrónica, entre otros ritmos. Desde el siglo XIX dura tres minutos y medio.
A fines del último milenio, Lito Vitale le puso una guitarra distorsionada y una batería y Charly García la convirtió en una canción del rock local, como último track de su disco Filosofía barata y zapatos de goma (1990). La polémica no se hizo esperar. Fue denunciado en la Justicia por "ofensa al símbolo patrio", pero la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo descalificó la denuncia. Incluso la grabación se escuchó en radios oficiales.
"Se trata de mi propia visión de una canción que para muchos está asociada con malísimos recuerdos de bandas militares y que, a partir de mi versión, sirvió para que muchos pibes jóvenes y hasta personas de mi edad se acercasen a la canción patria", dijo García.
Pero los pleitos sobre la música que nos emparienta no son nuevos. Con respecto al pleito de la música existen pronunciamientos doctos que coinciden con el sentimiento popular respecto de que la versión musical más auténtica del Himno [es] la del maestro argentino Juan Pedro Esnaola, editada en 1860, como arreglo de la música del maestro Blas Parera y en el concepto compartido por la Nación de que en el trabajo de Esnaola nuestro Himno volvía a ser lo que fue", estableció el decreto 10.302 de 1944.
Siguiendo instrucciones de la Asamblea del Año XIII, que él mismo integraba, Vicente López y Planes le encargó la música al catalán Blas Parera, mientras se ocupaba personalmente de la letra. Parera se tomó su tiempo para la composición: cuatro años.
Lo que el tiempo no cambió es el sentimiento. Siempre es el mismo. Porque hay una partitura, que es la oficial, la del decreto, la que suena magnífica y bella, especialmente cuando está interpretada por una buena orquesta sinfónica. Y existen las versiones que cada uno lleva consigo, en sus oídos mortales.