26/07/13

Evita iluminó a la política

 

Eva Perón dejó varios mandatos. No sólo logró el postergado deseo de que la mujer pudiera elegir y ser elegida, un salto de calidad institucional y político inmenso

 

 

Nuestra generación nació apenas unos años después del paso de Eva Duarte de Perón a la Inmortalidad. Sin embargo, parecía que desde aquel aciago año 1952 había pasado una eternidad. Muchos nos criamos escuchando las infinitas anécdotas sobre su entrega, su lucha denodada por dar un lugar de privilegio en esa Patria nueva que se estaba gestando a los "cabecitas negras", a sus "grasitas", a los niños, a los "descamisados"

Invisibles hasta la llegada de Juan Domingo Perón al poder, ella asumió desde el arranque su rol de compañera leal y militante, conocedora del enorme desafío que representaba enfrentar a los intereses de las corporaciones que se escandalizaban al ver cómo y a qué velocidad esos millones de "invisibles" conquistaban derechos, disfrutaban su inclusión social, ocupaban su lugar en un mundo que los había ocultado detrás de un biombo oligárquico y explotador. Bastó retirar esos biombos para que aparecieran los bombos, dando ruidoso inicio a la Argentina Justa, Libre y Soberana.

Quien no haya abrazado desde temprana edad esas banderas acaso no llegue a sentir la extraña mezcla de profundo dolor y de incredulidad que provocó en millones de ciudadanos y ciudadanas saber que hubo algunas manos que dejaron en no pocas paredes de Buenos Aires, con crispado trazo, una frase imperdonable: "Viva el cáncer".

Con los años aprendimos a ver que esas bajas pasiones, ese odio visceral, estaban directamente relacionados con el rechazo a los logros más importantes que un gobierno llevó adelante en la Argentina en materia de movilidad social ascendente, derechos laborales, de género, de distribución de la renta nacional, de desarrollo tecnológico e industrial.

La irrupción del peronismo en la política nacional de la mano del proyecto de Perón tuvo en Evita el complemento que sólo una mujer puede encarnar. Se conjugaron en ella la pasión, el coraje, el convencimiento estar defendiendo una causa noble, el carisma que cautivó a todo un Pueblo que la siguió hasta el fin de sus días en esta Tierra.

Eva Perón dejó varios mandatos. No sólo logró el postergado deseo de que la mujer pudiera elegir y ser elegida, un salto de calidad institucional y político inmenso. No sólo disciplinó a los poderes económicos y corporativos, mostrándoles que la movilización popular no se trata de una abstracción académica. Dejó mandatos.

Algunos explícitos -"Donde hay una necesidad, nace un derecho"-, y otros que la Historia, al engrandecer su figura, al darle dimensión épica, pone frente a nosotros para que asumamos el desafío de pensar esa figura, ese momento histórico-político, esa profunda huella.

Pensar a Evita en el marco de ese otro enorme proceso político iniciado por Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, impide soslayar un curioso contrapunto histórico.

Perón, en el siglo XX, creó un modelo de organización social que permitió que las grandes mayorías accedieran al trabajo digno, vivienda, educación, salud, etc. Su compañera de vida y de lucha no fue una espectadora, fue artífice de políticas que incluso lo sorprendieron. Esa lucha la consumió, y el líder debió sufrir las ausencias física y política de una mujer irreemplazable.

Ya en el siglo XXI, tras remontar la crisis política, social y económica más grave desde el retorno de la democracia, Kirchner se propuso recuperar aquel sendero bombardeado, fusilado, torturado y desaparecido. Puso de pie a la Nación, enfrentó a las grandes corporaciones, las vernáculas y las transnacionales, reparó con inusitada rapidez los daños más ignominiosos que dejó el neoliberalismo, y comenzó un proceso en el que devolvió sentido a la política, empoderó a los sectores más vulnerables, generó empleo y puso los cimientos de un desarrollo sustentable y basado en la equidad. 

Los caprichos de la Historia decretaron que tamaña epopeya, en todo momento coprotagonizada por su compañera de vida y de lucha, terminara por consumir sus fuerzas, llevándolo al lugar de los grandes hombres de la Historia. Cristina, como Perón, sufrió esas irreparables pérdidas, la afectiva y la política.

Allí se percibe uno de los mandatos implícitos que legó Eva Perón: de tanto iluminar a los que hasta ese momento estaban invisibilizados, detuvo su foco en las mujeres de la Patria, y ya nunca más la política volvió a ser lo que había sido. Cristina es heredera de ese mandato. Evita iluminó a la política, le dio el brillo que nuestra Presidenta se propuso mantener cueste lo que cueste, porque sabe, como lo sabían Perón, Evita y Néstor, que no son pocos los que ansían volver a la oscuridad, a las sombras, a la noche sin fin, a la Patria en penumbras.


* por Luis Rubeo - Presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe

 

 

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