20/08/13
Dejar el corazón en cada tragedia: un reconocimiento a todos los Bomberos
"Cada aplauso nos llena de fuerzas", cuenta Alexis Sciacca, rescatista en la Zona Cero de la tragedia del edificio de calle Salta
¿Quién no ha querido ser Bombero alguna vez? Con el riesgo de utilizar la subjetiva percepción como única fuente, podría asegurar que todo niño soñó alguna vez con ser Bombero. Al menos los que nos criamos con el Manual Kapelusz del Alumno Bonaerense, una especie de instructivo sobre los mas nobles valores de una sociedad ideal.
En sus páginas, recuerdo, el servidor público de casco y traje extraño siempre llegaba a tiempo para resolver diferentes situaciones. Algunas veces para bajar de un árbol la mascota de una señora mayor. En otras oportunidades para socorrer los raspones y pequeñas lastimaduras de una niña que se había caído de la bicicleta. Y, en las situaciones mas arriesgadas, cargando en sus brazos a una persona desvanecida, mientras de fondo se veía a sus compañeros sosteniendo la manguera que descargaba grandes chorros de agua sobre un edificio en llamas.
Esa vocación de servicio es casi involuntaria, cuando se es infante. Afortunadamente, muchos de aquellos niños deciden hacer realidad aquel sueño de Manual.
Claro, las situaciones nunca son tan simples. La realidad suele ser mucho mas trágica, al punto de que el mayor de los éxitos esta en minimizar la tristeza.
Alexis Sciacca es Jefe del Departamento de Bomberos Voluntarios de Arroyo Seco. Él y algunos de sus compañeros estuvieron trabajando desde el día uno en la Zona Cero (ZC) de lo que hace pocos días enlutaba a todo el país: La explosión del edificio de calle Salta 2141, en Rosario.
"Fuimos convocados por los Bomberos Zapadores de Rosario, conjuntamente con los Voluntarios. Nos dijeron que necesitaban una cuba de agua, por lo que nos dirigimos inmediatamente hacia la ZC con una dotación de cinco personas, y un camión con recursos hídricos", cuenta Alexis.
Del sueño, a la realidad
Con apenas 10 años, Sciacca ingresaba como cadete al cuerpo de Bomberos. Y desde ese primer día soñaba todas las noches con su cumpleaños 18, casi como si así quisiera acelerar el andar del almanaque. Claro, recién a esa edad se está habilitado para salir a la calle a cumplir la vocación. "Como cadete lo que hacía era limpiar la autobomba, las mangueras, e incluso hacer café para mis compañeros. Ya a partir de los 18 empecé a actuar en siniestros", cuenta Sciacca, antes de remarcar: "En este trabajo, lo que uno mas quiere es poder rescatar vidas. Esa es nuestra mayor motivación".
"Las primeras imágenes que vimos en el lugar fueron impactantes. Uno ya esta habituado a ver escenarios tristes, como cuando asistimos en choques en cadena, incendios fatales, tragedias en ruta. Pero el panorama allí era totalmente diferente. Se vivieron situaciones muy duras, en las que uno debe estar lo mas frío posible", relata el Jefe de Bomberos de Arroyo Seco.
Vaya contrapunto. Actuar de manera fría, en medio del infierno. "En los primeros instantes, mucha gente se venía a ofrecer como ayudante. Algunos decían ser médicos, otros paramédicos, todos los que pasaban por allí querían ayudar, aportar algo en medio de tanto dolor", afirma Alexis, antes de explicar que su deber también es tratar de organizar toda esa ayuda que se ofrece, para hacerla efectiva.
Dolor que quema
"Terminamos siendo nueve los Bomberos de Arroyo Seco trabajando en la ZC. Mis compañeros me contaban que, en medio del descanso que cada Bombero debe tener, la gente se acercaba a darles ánimo, a mostrarle su afecto. Y les ofrecían café, barras de chocolate, cereales, ropas, cuelleras, de todo. Esas son las cuestiones que nos llenan el corazón. Cada aplauso que recibimos nos da muchísima fuerza", confiesa.
El Bombero utiliza diferente indumentaria e implementos de seguridad, que lo protegen en su lucha contra el fuego. Pero nada hay capaz de «blindarlo emocionalmente», al punto que cada nueva tragedia representa para el Bombero un dolor que viene a acumularse al anterior, y que servirá de base para el próximo.
"Dejamos el corazón en cada historia. Y cada tragedia nos marca de manera especial. Por eso es tan importante tener una familia que te apoye en esto que elegimos ser. Ellos vienen a ser nuestros psicólogos. Nos escuchan, nos dan fuerzas, y eso ya es muy importante para nosotros", admite Alexis, quien lleva ya 17 años en esta bendita vocación.
El cuartel de Bomberos Voluntarios de Arroyo Seco cuenta con 32 héroes, que asisten a esa ciudad pero también a las poblaciones que limitan al norte y al sur, Fighiera y General Lagos.
Vaya, desde la redacción de EL NORTE, un caluroso aplauso para ellos. Y para todos los que -día a día- ponen su corazón al servicio de esta vocación.
LA PREMISA
Primero el deber
Alexis Sciacca se gana la vida como electricista, domiciliario e industrial. "A veces estoy haciendo un trabajo en una casa, y me llaman del cuartel por algún siniestro. Entonces me veo obligado a dejar lo que estoy haciendo. Cuando suena la sirena se deja todo. Pero los clientes lo entienden. Saben que mi deber esta en prestar ayuda en situaciones límites", asegura.
Autor: Guillermo Insúa - Diario "El Norte"